jueves, 1 de noviembre de 2018

Participar en política municipal: ¿Por qué? ¿Cómo?


¿Qué es un ´activista político´?

Imagen: enlucha.org

Palabras clave: #PolíticaLocal #ComPol #VotantesPotenciales #VotantesActuales

Son personas que participan de una manera más o menos activa en la acción política y/o institucional del municipio superando la visión partidista (solo lo era quien pertenecía a un partido concreto), la visión profesional (solo lo era quien se especializaba y recibía algún tipo de remuneración del ejercicio de la política) y la visión jerárquica (pertenencia a un grupo jerarquizado).


Y en esta realidad, el activista político, debe ser consciente de dónde debe desarrollar su compromiso, de qué forma y con qué intensidad.

En este punto, nos preguntamos, ¿Qué me lleva a participar activamente en política?

Es cierto que existe una predisposición cultural, social, económica o familiar en determinadas personas para tomar esta decisión. Pero lo que finalmente nos lleva a este activismo es unas razones muy concretas que debemos identificar en un ejercicio de análisis y auto-sinceridad para canalizar de manera correcta nuestra energía y evitar frustraciones futuras.

Esas razones son de dos tipos, según nos explican Enrique y Álvaro Muñoz López: negativas o positivas. Dentro de una concurrencia de motivaciones unas primarán sobre otras y, a la vez, debemos identificar cuáles son las que más peso tienen a la hora de determinar cual es nuestra principal motivación para el ejercicio de la política.

Entre las razones negativas están:
1. Por rechazo personal hacia otros grupos de activistas políticos, partidos o personas concretas. En el ámbito local el perfil ideológico se diluye y debemos ser conscientes de que gran parte de la carga más negativa de la decisión de participar en política (cuando esta es la principal motivación) oculta elementos de antipatía personal que aportan poco a un ejercicio provechoso de la política a nivel local.
2. El “ego”. Se participa en política para destacar sobre el resto de vecinos, y la vanidad o la soberbia se convierten en bandera de un activismo político difícil de gestionar dentro de un equipo.
3. Afán de poder. Aferrarse a un cargo, aunque se sea incapaz de llenarlo de sentido; perpetuarse en la mediocridad, aprovechando posiciones de privilegio institucional; la falta de humildad de quien no ve sentido a quien dijo “nunca podrá mandar bien quien no esté dispuesto a obedecer”. Suman … para restar en el conjunto.
4. Intereses personales. Que siempre se adornan de otras cuestiones. Un sueldo, un puesto, un status,… muchas razones hay en la etiqueta de interés personal que pervierten cualquier otra motivación. No suele reconocerse personalmente pero, si la organización las localiza e identifica en alguien, no debe dudar en censurar de manera diligente e implacable.
5. Por entretenimiento. No es posible gestionar y participar desde la frivolidad del “tiempo libre” o del “para entretenerme” en la política municipal. Es frívolo el participar en la vida política por el mero hecho de llenar el tiempo de ocio que queda en nuestras vidas. 
Nos gustaría pensar que sus principales motivaciones, aunque pueda encontrar alguna secundaria en el primer listado, estén en las que ahora le describimos:
1. Quiero mejorar mi municipio. Rechazas la gestión de quien gobierna, apoyas la gestión de quien lo hace … por una u otra razón doy el paso a participar en la vida política con intención de avanzar en ese convencimiento. Esta motivación implica que soy parte de un proyecto de cambio (si el que gobierna no me gusta como lo hace) o de transformación/mejora (cuando participo del gobierno). Tomo conciencia de la gestión municipal y presento mis credenciales a un proyecto concreto. Algunos confunden en este punto que su ideología es por sí mismo un proyecto de municipio. Es un error. Son las bases, puede; son líneas rojas, perfecto. Pero una ideología, sin más, no es ningún proyecto político de municipio.
2. Mis ideales por bandera. Ecologistas, feministas, sindicalistas, conservadores, nacionalistas, liberales, defensores de lo público, … muchas etiquetas que no son otra cosa que una expresión de nuestras ´ideas´. Y de las ideas al compromiso político. Que tiene también su vertiente más local.
3. A los ideales hay que sumar una vocación de servicio hacia el municipio por “cariño al pueblo o ciudad en que se vive” o como consecuencia de un liderazgo social que transita de manera natural desde lo cultural, lo social o lo deportivo hacia el mundo de la política.
4. Ejercicio vocacional. Que algo te guste no significa que, hacerlo profesionalmente, sea negativo. Pero en política, no debemos olvidarlo, que ese ejercicio profesional debe venir precedido de un ejercicio voluntario y, posteriormente, de un límite en el tiempo. El político profesional, por desgracia, acaba perdiendo la idea del “bien común”, algo que le convierte en un mercenario poco cualificado para la gestión del interés general.
Este debe ser nuestro primer ejercicio en política. Reflexionar con nosotros mismos cuál es nuestra motivación para participar en la política. 

Lo segundo, cuando tengo clara la motivación, es aclarar el cómo voy a ejercer ese activismo político. 
Involucrándome en una causa concreta.
Participando de la actividad general de un grupo político local.
En el primer caso optamos por participar de una causa con la que nos identificamos. No implica que después nos vayamos a implicar en una acción u opción política más general.

En el segundo caso decidimos participar de un proyecto municipal (al que identificamos como cercano por una cuestión emocional, ideológica o de cercanía) y nos implicamos en sus diferentes “causas” posteriormente (aunque no todas capten con la misma intensidad nuestro interés particular).


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¿Cuál es tu “cómo” en el ejercicio del activismo local? 

Es importante que esta parte la tengas también clara. Significa especialización en la causa concreta o un ejercicio más general basado en un proyecto municipal completo. Y es bueno que también lo tenga claro el grupo al que te incorporas: aprovechan tu compromiso, gestionan de manera eficaz tu interés (tu tiempo), motivan tu participación.

¿Y cuál es tu objetivo?

Todos tenemos objetivos de vida y no puede ser que en este caso sea diferente. Sin objetivos es complicado que puedas plantearte un ejercicio de la acción política que tenga un sentido, una razón, un camino … básicamente, una estrategia y un plan. 

No es lo mismo ser un activista político con un grupo que se sabe minoritario, y que actúa en defensa de una causa concreta, que hacerlo con un grupo que lidera una posición política concreta y cuya pretensión es poner en práctica un proyecto municipal integral de transformación y cambio. Y entre estos dos extremos muchas versiones diferentes…

Imagina que decides dar el paso como activista político en un partido nuevo que nace de la defensa de un interés local muy concreto: les valdrá, seguramente, obtener una mínima representación institucional con la que influir y hacerse oír. Imagina que tu activismo no quiere ningún tipo de representación institucional, pero que lidera una posición muy concreta (e influyente) a nivel local.

Superamos la visión institucional, la partidista, la de las marcas y las ideologías. Una sociedad conectada en red que se construye y participa en comunidad es incompatible con una visión política del espacio geográfico limitado, el grupo cerrado o la figura del militante tradicional que escucha y no participa.

Y entonces, ¿Qué aporta el partido político a esta nueva forma de activismo? 

El partido político aporta algo en la medida en que se entienda su nueva dimensión de construcción y gestión de una comunidad política. Comunidad que comparte un proyecto municipal, unas causas o un objetivo, que busca difundir ideas e influir en su entorno desde un activismo transversal y compartido.

Un activismo compartido al que el partido político, además, le da forma legal … lo que le permite participar, en la medida que es persona jurídica legalmente constituida, en procesos electorales. 

Y si no quiero participar en un proceso electoral, ¿Cómo construyo una comunidad política?

El movimiento, los grupos de presión, las plataformas, … muchos nombres para dar respuesta a la pregunta que nos hacíamos. Todos son grupos de presión que intentan influir en las decisiones que toman los gobiernos locales pero, a diferencia del partido político, no buscan alcanzar el gobierno. Le une la “causa”, no un proyecto alternativo; no tienen un ideario completo, aunque comparten determinados rasgos sociológicos, identitarios, geográficos o, incluso, ideológicos.

Llegar al “poder” o influir en quien lo ostenta. “Poder” entendido como búsqueda del bien común. 

Pero sea como sea ese modelo de activismo político que nos integra en la vida política municipal, cualquier apuesta que se haga, no debe olvidar una existencia que prevalece por encima del resto: ser ciudadano. Miembros de una comunidad política en la que me marcan unos deberes y me otorgan unos derechos. Entre esos derechos, el principal, el del voto. Que al menos, y en todos los ciudadanos, una vez cada cuatro años nos convierte en un activista político que elige su opción de proyecto y alternativa municipal.